sábado, 29 de septiembre de 2012




Calma. Tranquilidad. Relax. Respirar hondo. Sentir los pulmones llenos de aire. El sonido del mar. Una ola tras otra barriendo la arena del límite de la playa. El horizonte. El mar comiéndose el cielo. El Sol yéndose a dormir por debajo del agua. 


martes, 10 de julio de 2012



Decía que la única forma de sentir algo era el dolor. ¡Que equivocada estaba! 

Me la encontré un día, mejor dicho, una noche, sentada en el bordillo de una sucia calle con la mirada perdida en alguna piedrecita del asfalto. Me senté a su lado y no dijo ni mú. Llevaba una falda por encima de las rodillas, blanca, aunque estaba llena de jirones y manchas de Dios sabe qué. Tenía las piernas arañadas, mucho pero no había sangre. En un primer momento me asusté, me dio un vuelvo el corazón, aquello tenía que doler, mucho. Parecía un gatito abandonado, allí sentada, a la espera de algo o de alguien. O quizás de nada en especial.

-Es mi forma de sentir algo -dijo de repente, sin que yo dijese nada.

Me quedé un poco aturdido, sin sacar la vista de sus piernas demacradas, con una belleza dolorosa, de piel clara pero magullada, con moratones y cortes, con rastros de uñas y desazones.

-¿Has probado con alguna otra cosa? ¿Cariño?

-Eso hace mucho más daño, a la larga -lo dijo con desprecio, con dolor, con asco, con mucha historia por detrás. 

La seguí mirando, sus heridas y me entraron escalofríos. Cuánto dolor, cuánta equivocación. Cuánta necesidad, de personas, de atención, de amor, de algo.  
La miré a los ojos y le sonreí. Un intento de contestación casi salió de sus labios pero no fue nada, al fin y al cabo, no debía de estar acostumbrada a sonreír. Cariño, cariño le iba a dar.

martes, 3 de julio de 2012

Es una mirada inteligente aunque no es de esas que se ve a primera vista. Tienes que quedarte mirando a hurtadillas, sin que se entere, porque sino vendrá el tono burlón y el brillo de la mirada se convertirá en juego. Bueno, brillo en la mirada cuando lo consigues captar, porque a veces hay una catarata de pena que te nublaba a ti mismo, desde la pupila al corazón.

Son ojos marrones, de esos que al parecer son comunes. Quizás con un poco de miel cuando sale el sol y tono café por las noches, pero son bonitos. Tan bonitos como difíciles. Tan difíciles como expresivos.

Son ojos de persona mayor, de alguien sabio, tienen un tono (casi un sabor) añejo, de tener la respuesta a todo y de haber visto desde dinosaurios hasta extraterrestres.

A veces te miran con cariño, otras con clara expresión de "eso no" y alguna que otra intentan imitar la mirada de gatiiiiitos pero eso sí que no lo consiguen (ni poniendo caras ni nada). Hay veces que tienen sueño y otras un hambre voraz que echa hacia atrás (pero, de todas formas, un hambre bonita).

Dirás tú, que puto aburrimiento, yo que venía aquí a por serso y me encuentro con que se tira describiendo una mirada media hora. Pues vaya caca. Pues es lo que toca.

domingo, 17 de junio de 2012

A todos vosotros, a todos los adolescentes, esto es por y para vosotros. No es más que un simple grito, un simple lloro o una tremenda borrachera. Somos más que eso. Os habla una homóloga, a la que podéis llamar sin temor Adrenalina, que navegará por los mares agitados de nuestra edad, a veces haciendo referencias personales y otras basándome en, simplemente, la vida. Y si no eres uno de nosotros, huye, podrías leer cosas que no quieres.



A ella le gusta pedir, siempre. De esa boquita salen todo tipo de palabras y ruegos, de por favores y promesas. Suspiros y gemidos, gritos y palabrotas. En la cama le gusta pedir también, por supuesto, aunque hay veces que no distingo entre la petición y el mandato. Habla con voz contenida, no de rabia ni de furia, sino de pasión, con un nudo en la garganta y la boca seca sin mis labios sobre los suyos. Hay veces que se acerca a mí y me habla al oído, en un intento de susurro pero es más un rugido salvaje que me hace sonreír, que hace que quiera más de ella. Me dice cosas sucias al oído, sí, y me gustan. Me encantan. 

Suele gustarle que empiece despacio, besándola suavemente, cada centímetro de su piel, para que vaya entrando en calor, me dice. Y le hago caso, ¡claro que sí! Luego me pide mis manos fuertes sobre su cuerpo, de arriba a abajo y de fuera a dentro. Suele derretirse siempre cuando le acaricio con el corazón, me refiero a mi dedo, por supuesto. Se encoge sobre si misma y me estruja contra su cuerpo, quedando yo casi a su merced, con mi cuerpo pegado al suyo y mi mano entre sus piernas. La miro a los ojos, llameantes, quedándome quieto por un instante y dejando que el ardor la recorra y las ansias le quemen. Eleva sus caderas hacia mí, pidiendo sin palabras pero acertando claramente. Le sonrío mientras que mis dedos empiezan a bailar y a coger un ritmo veloz y fuerte que se hunde en su interior y ella empieza a pedir, como siempre.

To be continued.